África carga con el perjuicio de una crisis de la que no es responsable, pero su voz –a pesar de sus potencialidades- es de las más débiles en el escenario internacional, cuya recesión económica tiene su núcleo en el déficit ético: es la llamada de atención de Benedicto XVI al G20 -en vísperas de su reunión (2-3 abril)- en una misiva dirigida al primer ministro británico, anfitrión de la cumbre en Londres. Gordon Brown ha asegurado al Papa su empeño en proteger a las sociedades más vulnerables.
El Santo Padre pide a los líderes del G20 que eviten soluciones egoistas. Popular TV
Fechada el 30 de marzo, la carta del Santo Padre asegura su oración y el deseo de que el G20 se esfuerce en afrontar las urgencias de la situación mundial. El primer ministro británico “ha respondido solícitamente” –subraya la Oficina de Información de la Santa Sede, al difundir el intercambio de misivas- manifestando su adhesión al llamamiento papal y trazando líneas concretas para responder a las cuestiones más graves.
Objetivo del encuentro del G20 –apunta el Papa- es “coordinar con urgencia las medidas necesarias para estabilizar los mecanismos financieros y consentir a las empresas y a las familias superar el actual período de grave recesión para relanzar un crecimiento sostenible de la economía mundial y para reformar y reforzar sustancialmente los sistemas de gobernabilidad global a fin de que tal crisis no se repita en el futuro”. Una meta que “sólo se puede realizar juntos, evitando soluciones marcadas por el egoísmo nacionalista y el proteccionismo”, añade.
Pobreza y exclusión son las realidades que ha podido tocar Benedicto XVI en el continente africano, que acaba de visitar en viaje apostólico.
La cumbre de Londres, igual que la de Washington en 2008, “por motivos de urgencia se ha limitado a convocar a los Estados que representan en 90% del PIB y el 80% del comercio mundial”, de forma que “África subsahariana está presente con un único Estado y algún organismo regional”, advierte el Papa; “aquellos cuya voz tiene menos fuerza en el escenario político son los que sufren más los daños de una crisis de la que no son responsables” mientras que, “a largo plazo, son los que cuentan con mayor potencialidad para contribuir al progreso de todos”.
Por eso pide que se recurra a los mecanismos multilaterales que existen en las Naciones Unidas “para que se escuche la voz de todos los países del mundo, a fin de que las medidas decididas en los encuentros del G20 sean compartidas por todos”.
Otro apremio de Benedicto XVI se refiere a la posibilidad de que la crisis suscite “la cancelación o la drástica reducción de los planes de ayuda exterior, especialmente para África y para los demás países menos desarrollados”. Pero “la ayuda al desarrollo –incluidas las condiciones comerciales y financieras favorables a los países menos desarrollados y la remisión de la deuda exterior de los países más pobres y endeudados- no ha sido la causa de la crisis y, por un motivo de justicia fundamental, no debe ser su víctima”, exhorta.
Elemento central de la crisis actual, en cambio, es “un déficit de ética en las estructuras económicas”, alerta el Papa. “Esta crisis nos enseña que la ética no es ‘ajena’ a la economía”; ésta “no funciona si no conlleva el elemento ético”, subraya.
Cuando falta el comportamiento ético correcto, decae la confianza de los agentes económicos en los sistemas financieros; pero estos, como creaciones humanas, tampoco pueden ser objeto de “confianza ciega”. Es la alerta del Papa, acompañada de la convicción de que “el único fundamento verdadero y sólido es la confianza en el hombre”; “por eso todas las medidas propuestas para contener la crisis deben buscar, en última instancia, ofrecer seguridad a las familias y estabilidad a los trabajadores y reanudar, a través de oportunas reglas y controles, la ética en las finanzas”.
La carta papal llama a una “renovada confianza en el hombre” como orientación de “cada paso hacia la solución de la crisis”. “La efectiva confianza en el hombre, sobre todo la confianza en los hombres y en las mujeres más pobres –de África y de otras regiones del mundo golpeadas por la pobreza extrema- será la prueba de que verdaderamente se quiere salir de la crisis sin exclusiones”.
Una exhortación final de Benedicto XVI –uniendo su voz a “diversas religiones y culturas” del mundo- al G20: “La eliminación de la pobreza extrema en 2015, a la que se comprometieron los gobernantes en la Cumbre ONU del Milenio, sigue siendo una de las tareas más importantes de nuestro tiempo”.
El primer ministro Gordon Brown ha enviado su respuesta al Papa el 31 de marzo. “Como usted dice, los más pobres del mundo son los que corren más peligro por esta crisis, aunque no hayan sido responsables de su aparición”; “la protección de los más pobres es una de mis mayores prioridades”, así “como apoyar a las sociedades más vulnerables”, pues “es vital –asegura Brown- que los países ricos mantengan sus promesas de ayudas, incluso en estos tiempos difíciles”. Y ejemplifica: “El Reino Unido ya ha anunciado una contribución al World Bank's Rapid Social Response Fund que protegerá a algunos de los más pobres del impacto dela crisis”.
En opinión de Brown, el G20 debe adoptar medidas firmes que impulsen el comercio global, además de que debe proporcionar al Fondo Monetario Internacional el necesario apoyo para las grandes economías emergentes. “Millones de empleos dependerán de esto”, advierte. Comparte además Brown la realidad de que “los más pobres, especialmente África, necesitan más voz en el G20”.
En este “momento decisivo para la economía mundial” “tenemos que tomar una decisión” -reconoce-: “podemos dejar que la recesión siga su curso o podemos resolverlo como una comunidad mundial”.