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Raúl Ricardo Alfonsín

Adiós a uno de los sinónimos de democracia en Iberoamérica

"Con la democracia se come, se cura, se educa", fue una de las grandes consignas del recordado Raúl Ricardo Alfonsín, primer presidente argentino tras la última dictadura militar, y uno de los más respetados referentes de la democracia iberoamericana en todo el mundo.

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Esteban Pittaro - 01-04-09

Pasarán décadas quizá para que un político movilice espontáneamente al pueblo argentino como lo está haciendo Raúl Ricardo Alfonsín, fallecido a las 20.30 del martes. El ex presidente (1983-1989), notable símbolo del histórico partido Unión Cívica Radical, dejó como gran legado un sistema democrático consolidado, un pueblo pacificado. Si hoy Argentina participa del G-20, y su presidenta Cristina Fernández de Kirchner está en Londres, es por como Alfonsín ha sabido limpiar la imagen de un país donde se habían violado masivamente los derechos humanos meses antes.

Su contribución en este sentido le ha valido una quincena de doctorados honoris causa en universidades argentinas e internacionales, del prestigio de Yale y Bolonia, entre otras. La Organización de Estados Americanos, la Fundación Príncipe de Asturias, además de numerosos estados nacionales han también reconocido en vida a quien supo acuñar históricas frases como "Con la democracia se come, se cura, se educa".

Junto con sus opositores, supo vencer a la dictadura con democracia, y con las elecciones convocadas, derrotó a su contrincante justicialista con un mensaje más pacífico y reconciliador. A los días de asumir, llamó al proceso judicial que derivó en el histórico juicio a las juntas, una de las instancias judiciales que han sentado más precedente en el mundo en materias de derechos humanos. De hecho, participó de esa fiscalía el actual fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo.

Los vaivenes económicos de un plan económico que no logró consolidar, los catastróficos efectos de una inflación sin precedentes, y los problemas con el sindicalismo, llevaron a Alfonsín a entregar la banda presidencial a su sucesor el justicialista Carlos Saúl Menem antes de lo debido. Durante los seis años acumuló varias discordias, incluso con la Iglesia tras sancionar la ley del divorcio. Sin embargo, ni estos conflictos con distintos grupos ni la hiperinflación evitaron que quede en la memoria de todos como el presidente de los Derechos Humanos, el presidente del Diálogo, de la democracia.

Nunca manifestó odio ni rencor, aún cuando algunos que intentaron atentar contra la democracia en 1987, en un fallido intento subversivo, se convirtieron en intendentes y funcionarios de gobierno. 

Murió en paz, rodeado de familiares y amigos. Por la mañana, lo había visitado el obispo emérito de Morón, monseñor Justo Laguna. "Recen mucho por él", había pedido el prelado en los comienzos de un día que quedará en la memoria de los argentinos para siempre.

Sus restos serán velados hasta el 2 de abril en el Congreso argentino. Ese día, feriado para Argentina, se recuerda a los ex combatientes de la guerra de Malvinas, conflicto bélico que desencadenó el final de la dictadura militar. Será sepultado en un sitio provisorio en el cementerio céntrico de la Recoleta, hasta que se termine de construir un monumento especial, donde descansarán sus restos. Sin embargo, su legado democrático permanecerá para siempre en los libros de historia y en el corazón de todos los argentinos.

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