Épico y agónico. Con un jugador menos y sin haber tirado a puerta en todo el partido, un gol de Iniesta llevó al FC Barcelona a la final de la Liga de Campeones. Un zapatazo del manchego en el minuto 92 igualó el tanto de Essien y dejó al Chelsea sin palabras. Barça y Manchester jugarán la final el 27 de mayo en Roma. Iniesta ya forma parte de la historia de la Liga de Campeones.
La película del partido en los primeros minutos fue un calco de lo vivido en el Camp Nou, con el Chelsea esperando y el Barcelona manteniendo la posesión del balón. Y fue un rebote el que rompió el partido. Essien se encontró un balón a media altura proveniente de un rechace y desde más allá de la frontal enganchó un zurdazo espectacular que limpió las telarañas de la escuadra de Valdés. Un golazo (1-0, m.9).
El Barcelona intentó reponerse del temprano mazazo pero las dificultades para sacar el balón jugado desde atrás impedían la fluidez en su juego. El Chelsea esperaba agazapado y su peligro a la contra era mortal de necesidad. En una de esas, Drogba se quedó sólo ante un Valdés que estuvo providencial. A continuación, el portero azulgrana sacó otra mano para desviar una falta botada por el propio Drogba desde un lateral.
Y en el corner siguiente, el cabezazo de Terry se fue cerca del palo. Minutos de terror que concluyeron con una jugada en el área del Barça en la que el Chelsea reclamó penalti por la entrada de Toure Yaya otra vez a Drogba. El Barça estaba groggy y Dani Alves veía una amarilla que ya le privaba de jugar la hipotética final.
El último cuarto de hora antes del descanso fue un quiero y no puedo del equipo de Guardiola, que a la falta de espacios unía una escasa movilidad y una ausencia absoluta de desborde por banda. Essien masticaba centro del campo culé. El Chelsea no quería saber nada del balón y los azulgranas no sabían qué hacer con él. Su único bagaje ofensivo fue un disparo de falta desviado de Alves. Ni un tiro entre los tres palos.
La reanudación mostró más de lo mismo. Fue incluso el Chelsea el que volvió a sembrar el pánico en la defensa del Barça; Anelka sirvió a Drogba, que dejó sentado a Piqué, y otra vez el pie milagroso de Valdés evitó la sentencia. En la prolongación de la jugada Malouda mandó su disparo al lateral de la red. Poco después, la grada volvió a reclamar penalti en un forcejeo entre Touré Yaya y Drogba. El Barcelona intentaba imprimir algo más de velocidad y profundidad en sus acciones, pero las líneas de pase permanecían cerradas por un Chelsea con la lección bien aprendida. La mayoría de las acciones azulgranas moría en las inmediaciones del área. Para colmo de males, Abidal se fue a la calle por roja directa en el minuto 66 por un supuesto agarrón a Anelka que sólo existió en la imaginación del árbitro.
El Chelsea, reforzado, seguía a lo suyo y Alves tuvo una falta cerca de la frontal pero la mandó alta. Piqué lo intentó llegando desde atrás y mandó un disparo cerca del palo. El propio central azulgrana tocó el balón con la mano en el área minutos después, pero el árbitro perdonó la pena máxima.
El Barça estaba muerto, pero el fútbol es así de impredecible. En el minuto 92, Iniesta recogía un balón al borde del área y soltaba un zapatazo a la escuadra que ya es parte de la historia azulgrana junto al de Bakero en Kaiserslautern. Era el único disparo de su equipo entre los tres palos en todo el partido. Un gol que vale una final el próximo 27 de mayo en Roma frente al Manchester.