ESPAÑA.Zapatero, ha vivido una última sesión de control en el Congreso fría y rutinaria, con reproches al balance de sus dos legislaturas, con poquísimas despedidas de cortesía y tan solo arropado por los aplausos de sus diputados, puestos en pie, tras una de sus intervenciones.
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha vivido una última sesión de control en el Congreso fría y rutinaria, con reproches al balance de sus dos legislaturas y, a diferencia de lo que sucedió la semana pasada en el Senado, con poquísimas despedidas de cortesía o mensajes personales de buenos deseos.
El líder de la oposición, Mariano Rajoy, sí le ha deseado "muy buena suerte" al final de su intervención, pero tan al final que los micrófonos del hemiciclo no han captado sus palabras. Luego, en el pasillo, ha reiterado que "desde el punto de vista personal" le desea "la mejor de las suertes", pero ha aprovechado para volver a echarle en cara que "la herencia que deja es mala".
Por parte de sus diputados, se han puesto en pie y le han aplaudido tras una de sus intervenciones en esta última sesión.
Sus últimas palabras como presidente en la Cámara ya las ha pronunciado, y han sido para defender, aunque sin nombrarle, al candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba. "Los españoles quieren líderes que ofrezcan algo, no sólo ataques y sobre todo que ofrezcan confianza y es lo que veremos en el futuro inmediato", ha dicho al final de su último 'duelo' parlamentario con Rajoy. Y justo después ha dejado el Hemiciclo en dirección a la zona de Gobierno acompañado por Rubalcaba, así que, al contrario que en otras ocasiones, no se ha quedado a escuchar las preguntas dirigidas a sus vicepresidentes.
A preguntas de los periodistas a su entrada al Hemiciclo, el jefe del Ejecutivo ha reconocido que sentirá algo de nostalgia de su vida de diputado, que comenzó en 1986 y que ahora termina.