Batasuna considera que la última hazaña criminal de ETA es una especie de “daño colateral”, algo “sobrevenido”, “no previsto”. Así lo dicen personas próximas a quienes lideran ese mundo en la calle.
Compañeros y amigos del gendarme francés asesinado por ETA se concentran en su recuerdo
Desde el mundo batasuno no hemos escuchado desde luego ninguna condena, más bien palabras tibias y posturas ambigüas. De hecho la izquierda abertzale ha expresado "su pesar" por la muerte del policía francés asesinado ayer por miembros de ETA y ha lamentado su muerte. Dicen que ha ocurrido lo que casi ningún estratega de ese mundo había previsto. Para colmo la última victima de ETA se produce a las puertas de Paris, en el corazón mismo de Europa. La dimensión internacional que adquiere así la violencia etarra saca las vergüenzas a ese conglomerado cuando decían haber iniciado ya un proceso unilateral sin violencia.
Partidos como Eusko Alkartasuna, que esperan a que Batasuna se distancie del terror definitivamente para incorporarse con ellos a una plataforma soberanista, no van a presionar excesivamente para que den ese paso en este momento. Hay cierta comprensión. Lo que no se termina de entender entre los investigadores sobre lo ocurrido ayer en Dammarie-les-Lys es el alto número de etarras que participaron en los hechos y también la media docena de coches robados, algunos de ellos de alta gama. No se recuerda nada igual. Una hipótesis con la que trabajaba anoche la Guardia Civil en España es que intentaran desviar la atención hacia posibles bandas de países de este, que sí utilizan ese modus operandi. Eso despistaría a los investigadores de cara a colocar esos coches en cualquier punto de España para la comisión de un atentado. “Para ETA –dicen estas fuentes- es fundamental en este momento el factor sorpresa”.