El viernes pasado Spanair comunicaba al Ministerio de Fomento su cese de actividad y minutos después sus aviones dejaban de volar. La compañía ha dejado este fin de semana a 23.000 pasajeros sin viajar. Hasta poco antes había seguido vendiendo billetes. La forma escogida para cerrar supone una conculcación de los derechos de los consumidores. De hecho el Gobierno ha iniciado un procedimiento sancionador que puede implicar una multa de nueve millones de euros. Pero lo relevante del caso es que Spanair estaba abocada a un final como el que ha tenido. Desde hace años se buscaba una inyección de capital que le permitiera seguir operando; el último intento, la entrada de Qatar Airilnes, se ha frustrado porque la empresa estaba recibiendo dinero público y las autoridades europeas no lo permiten. Este es el vicio de origen. El tripartito de Montilla quiso hacer de Spanair la compañía de bandera de Cataluña cuando las compañías de bandera habían desaparecido. Las pretensiones de un socialismo que se volvió nacionalista han enterrado mucho dinero del contribuyente, 150 millones de euros, en un proyecto inviable. Todavía este fin de semana el PSC decía que iba a pedir explicaciones en el Parlament a Artur Mas por su actuación. Lo que tienen que explicar los socialistas es por qué se gastaron el dinero que ahora no hay para sanidad en una compañía área inviable.