Martes, 09 febrero 2010
Actualizado a las 16:41h
historia
Danzig desencadenó la guerra. En octubre de 1938, Hitler había ocupado los Sudetes y el 21 de marzo de 1939, el resto de Checoslovaquia.
gaceta.es - 31-08-09
Hitler exigió la restitución a Alemania de la llamada ciudad libre de Danzig y la concesión de una franja extraterritorial a través del pasillo polaco de 30 metros de ancha, donde construir una carretera y un ferrocarril que uniera Alemania con Prusia Oriental, separadas por el pasillo polaco desde el Tratado de Versalles. Consecuencia también de éste había sido el estatuto de Danzig como ciudad libre bajo la tutela de la Sociedad de Naciones y el control de Polonia. Para los polacos, la posesión del pasillo era vital pues constituía su salida al Mar Báltico y Danzig, hoy Gdansk, era el único puerto importante para comerciar. Por ello, la petición alemana fue denegada por Polonia el 26 de marzo, advirtiendo que cualquier actuación alemana sobre Danzig sería causa de guerra. El día 31, Francia y Gran Bretaña expresaron su apoyo a Polonia.
A finales de agosto, la firma del pacto de No Agresión con la URSS, que incluía un protocolo secreto sobre el reparto de Polonia entre los dos países, dejaba al Führer las manos libres para intervenir. Su siguiente movimiento sería el 29 de agosto: un ultimátum a Polonia para que enviase un representante a Berlín para tratar dichas cuestiones. Cuatro días antes, el acorazado Schleswig-Holstein había entrado en Danzig en visita de cortesía, fondeando en el puerto exterior. Era un viejo buque del tipo Pre-Dreadnought que había entrado en servicio en 1908 y que los aliados habían permitido conservar a Alemania tras su rendición en 1918, ya que se trataba de un tipo anticuado. En aquellos días se empleaba como buque de adiestramiento para dotaciones.
En las primeras horas de la mañana del 31 de agosto, Hitler mantuvo una reunión con el embajador polaco Lipsky. El Führer salió indignado e informó a los embajadores de Francia y Gran Bretaña de la negativa de Polonia a presentar propuestas. Horas después, sobre las 20.00, las radios alemanas informaron de que se había producido un casus belli. Este no era sino una burda simulación de un ataque de infiltrados polacos a la estación radio de Gleiwitz, en la frontera. En realidad, los atacantes eran miembros de las SS disfrazados. A las 4.45 del 1 de septiembre de 1939, la hora prevista para el ataque, el acorazado Schleswig-Holstein abrió fuego con sus cañones de 280 y 150 milímetros contra el fuerte polaco de Westerplatte que se encontraba en la cercana costa. Eran los primeros cañonazos de una guerra que sacudiría al mundo durante casi seis años.
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