El nombre de Antonio Salas lo descubrimos cuando se infiltró en el movimiento neonazi para escribir "Diario de un skin". Llegó después "El año que trafiqué con mujeres", en el que se convirtió precisamente en eso, en traficante de mujeres en los sórdidos mercados del sexo. Seis años después, Antonio Salas se ha infiltrado en las redes del terrorismo internacional. Lo cuenta en "El Palestino", título de su nuevo libro. Hemos hablado con él en "La Mañana" de la COPE con Ely del Valle y Enrique Campo. La voz está distorsionada por motivos de seguridad.
Escalofriante, impresionante, atrevido. Son las primeras palabras que uno siente cuando escucha a Antonio Salas, el alias que usa la persona que logró infiltrarse en el movimiento neonazi, en el tráfico de mujeres y, ahora, en las redes del terrorismo internacional. Lo cuenta en "El Palestino", título de su nuevo libro, y lo ha contado también en "La Mañana" de la COPE con Ely del Valle y Enrique Campo.
Salas ha explicado el personaje que se inventó para poder acceder hasta dichas redes terroristas: "Muhammad Abdallah es un joven de origen palestino pero nacido en Venezuela, lo que justifica su acento latino mitad árabe. Es un musulmán, radical, que habría perdido a su esposa durante una incursión en Palestina el 9 de marzo de 2004, lo que justificaría su odio hacia Occidente y su vocación de convertirse un mártir". Obviamente todo eso es mentira, "es un personaje creado, pero necesitaba un pasado que pudiese justificar su vocación de suicida", y para cuenta que tuvo la ayuda de una amiga que conoció en el año que traficó con mujeres.
Una vez creado el personaje, tuvo que ser muy cuidadoso para acceder a las personas adecuadas en el terrorismo: "Ha sido algo muy lento. Seguramente alguien más inteligente que yo o con más preparación o con más recursos no habría tardado tanto. Yo seguí los pasos de un personaje que me pareció que calzaba como un guante que era Carlos el Chacal, seguramente el terrorista más conocido de la historia sólo por detrás de Bin Laden", y destaca que todo lo que cuenta es real: "Todo está grabado, todo lo que cuento lo puedo demostrar".
Como era de esperar, la creación de personalidades tan dispares afecta, y mucho, al orden psicológico: "Tuve que acudir a tratamiento psicológico, pero este último personaje, Muhammad Abdallah, me ha marcado para siempre" ya que "con la perspectiva del tiempo, me da la impresión de que todo lo que hice antes era casi un entrenamiento, un juego de niños al lado de esto. Una infiltración tan continuada de seis años, tan intensa que desde el punto de vista psicológico resulta agotadora. Me está costando mucho salir de la situación".
Uno de los puntos claves que todo el mundo se pregunta de los terroristas es: ¿Por qué actúan así? ¿Ha conseguido él entenderlo? Antonio Salas afirma: "Sí, lo he conseguido, lo que no significa que lo comparta. Los terroristas, lo único que tienen en común todas las organizaciones con las que he tratado es que piensan de verdad que la violencia y la lucha armada es un lenguaje lícito para defender una religión o una ideología o una bandera, y llegan al punto de despersonalizar de tal manera a sus víctimas con un argumento terrorífico que escuché en labios de Ramírez y de otros personajes. Cuando se produjo un atentado contra civiles, ellos no creen en los civiles, ellos creen que cuando se produce una masacre como la de Atocha o cosas por el estilo, los ciudadanos somos culpables de los gobiernos que hemos elegido, por lo tanto no somos inocentes, sino corresponsables de las políticas de sus gobiernos. En este caso, España de la ocupación de Irak o de Afganistán". "Es necesario encontrar una justificación cuando cometes el primer atentado. Cuando aprietas el gatillo por primera vez, no hay vuelta atrás. Hasta ese momento todo puede ser propaganda, actividad política, todo eso podría llegar a ser lícito, pero cuando se mata por primera vez, sólo hay un destino posible: la cárcel o la muerte, que es donde terminan todos los terroristas, no hay otra opción, por eso necesitan encontrar justificaciones y creerse todas sus mentiras para poder vivir con ello".
Por supuesto, ha dejado algo muy claro: nada justifica una acción atroz, ni siquiera lo que se conoce como un "buen reportaje": "Les he dejado muy claro a mis editores y a todas las cadenas con las que he trabajo que jamás un reportaje justifica que cometas un delito, ni que yo participase en una agresión o algo similar, de lo contrario yo no podría ser testigo en los juicios en los que he sido testigo ni mis grabaciones habrían sido judicializadas".