La pasarela madrileña cerró ayer sus puertas después de cinco días y más de cincuenta desfiles en los que los creadores mostraron sus propuestas para la próxima temporada primavera-verano 2010.
Anke Schlöder abrió la última jornada de esta quincuagésima edición de Cibeles Madrid Fashion Week con una colección en tonos claros, con vestidos que no se ciñen a la silueta, vistiendo a la mujer de una manera actual y fresca. La noche se tiñe de tonos oscuros rematando las piezas con prendas con apliques metálicos o lentejuelas.
Por su parte, Krizia Robustella presentó una colección definida por ella misma como “sport deluxe”, debido a la presentación de prendas deportivas, cómodas y juveniles, con estampados infantiles, pero sin descuidar la calidad de los materiales ni el patronaje de los diseños.
Las propuestas de Juana Martín estaban inspiradas en los grupos étnicos arraigados en el sureste de Europa, y se notó en el uso de los estampados y de la intensa y variada gama de colores: desde el amarillo o el naranja hasta el azul Klein. Para la noche y los vestidos de cocktail, la diseñadora apuesta por los brillos, las transparencias y las lentejuelas y por los pliegues, volantes y volúmenes, tan presentes en toda esta edición.
La colección de baño de Montse Bassons con una colección inspirada en la época dorada de veraneo en la Riviera francesa y sus sofisticadas mujeres, con una gran variedad de colores, modelos y texturas. Predominan los trikinis y los bañadores con escote tipo palabra de honor.
El Delgado Buil sorprendió a los asistentes con la actuación de una majorettes al finalizar la presentación, ya que la colección estaba inspirado en sus desfiles callejeros al son de la orquesta en las fiestas locales. Prendas con volantes y en tonos empolvados, dan a los diseños un toque romántico y femenino.
Serguei Povaguin, que desfiló por primera vez en el circuito Cibeles después de haber ganado dos años consecutivos el EGO, comenzó con piezas de aire minimalista, en blanco o rosa empolvado. A medida que se desarrollaba el desfile, el diseñador añadía más elementos a las piezas, convirtiéndolas en un juego de estructuras y colores, con faldas de efecto patchwork plisadas y pantalones baggies con jaretas.
Carlos Díez fue la propuesta más divertida, canalla y desenfada de la jornada. Con unos modelos con un maquillaje extremo, presentó un divertido estampado de pelucas para camisas y vestidos, para más tarde cambiar a un total Black, con prendas de rejilla y chalecos minimal. También destacó el estampado animal en plástico, que se podía ver en chaquetas y sombrero.