El 1 de septiembre de 1939 las tropas alemanas invadían Polonia. Convencionalmente se señala esa fecha como la del comienzo de la segunda guerra mundial. Inglaterra y Francia condenaron la invasión, declararon la guerra a Alemania y, a partir de ahí, comenzó todo. Sin embargo, hay otro dato que suele pasarse por alto: la invasión alemana venía coordinada con la Unión Soviética por un pacto previo entre Berlín y Moscú. De hecho, Hitler y Stalin entraron en Polonia al mismo tiempo. Hoy los polacos reclaman que se señale a todos los culpables; es decir, también a los rusos.
70 años desde el comienzo de la II Guerra Mundial
Los polacos lo tienen muy claro: quienes invadieron Polonia el 1 de septiembre de 1939 no fueron sólo los alemanes, sino también los soviéticos. En el pacto Ribbentrop-Molotov del 23 de agosto de 1939, nazis y comunistas habían llegado a un acuerdo de no-agresión que excluía cualquier tipo de enfrentamiento. De hecho, la presión comunista contra el nazismo desapareció en el resto de Europa. Aquel pacto incluía el reparto de Polonia, como ya había ocurrido sucesivas veces en el siglo XVIII. Pero no sólo de Polonia, sino también de los países bálticos y de Finlandia.
Una semana después del pacto, las fronteras polacas eran violadas. Polonia desaparecía del mapa. El país quedaba partido prácticamente por la mitad entre sus nuevos amos. La frontera entre Alemania y Rusia quedaba trazada sobre el río Bug. La Alemania de Hitler desplegará sobre la población polaca una dura política de represión y explotación que se intensificará más tarde, cuando Hitler invada la URSS. Pero los soviéticos tampoco se quedaron atrás: entre otras cosas, liquidaron a 20.000 polacos –oficiales del ejército, funcionarios, prisioneros de guerra- en la masacre de Katyn. En ese mismo momento, además, la URSS estaba tratando de invadir Finlandia, asunto igualmente pactado en el acuerdo Ribbentrop-Molotov.
Hoy los polacos piden que aquellas fechas aciagas sean recordadas en su plena significación. La Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) ha decidido, en una iniciativa reciente, responsabilizar en igual medida a la Unión Soviética estalinista y a la Alemania nazi por el estallido de la guerra. Por su parte, el Parlamento Europeo quiere declarar el 23 de agosto, fecha del pacto con el que Hitler y Stalin se repartieron Europa, como día del recuerdo de las víctimas del nazismo y el estalinismo. Encuestas recientes publicadas en la prensa polaca arrojan un resultado inequívoco: para la gran mayoría de la población polaca, Stalin fue tan culpable como Hitler.
Esta nueva orientación, evidentemente, no gusta nada en Moscú. El presidente ruso Medvedev ha calificado todo eso como “mentiras cínicas”. Un reciente documental de la televisión rusa venía a justificar la invasión soviética de Polonia arguyendo que desde 1934 había un pacto secreto entre Alemania y Polonia contra Stalin. Asimismo, una web cercana a la Defensa rusa publicaba hace poco un artículo en el que se culpaba a Polonia del inicio de la guerra por no haber aceptado las “modestas exigencias” de Hitler sobre el territorio polaco, que, recordémoslo, inicialmente concernían sólo al corredor de Danzig. Medvedev, además, denuncia que hoy los gobiernos de los países bálticos y de Ucrania ensalcen como héroes a los líderes anticomunistas que colaboraron con Alemania cuando Hitler invadió la URSS. Porque, en efecto, eso también pasó.
Como los polacos culpan a los rusos y éstos culpan a los polacos, la tensión ha ido subiendo de tono hasta alcanzar niveles inconvenientes. En vísperas de su visita a Polonia, donde participa en los actos conmemorativos de la fatídica fecha, el premier Putin ha hecho publicar un artículo en el diario polaco Gazeta Wyborcza donde trata de atemperar las cosas. En ese artículo, titulado “Carta a los polacos”, Putin ofrece una interpretación que pueda satisfacer a todas las partes: primero, condena el acuerdo entre Hitler y Stalin como algo “inadmisible desde el punto de vista moral”; a renglón seguido, objeta que Moscú no tenía más remedio que pactar con Hitler después de que Francia y Gran Bretaña, en 1938, hubieran accedido a las pretensiones nazis en los acuerdos de Munich, pues aquello “cerró las esperanzas de crear un frente único de lucha contra el fascismo”; después, elogia a los polacos porque fueron “los primeros en cerrar el camino al opresor”, y termina pidiendo “no especular con la memoria ni buscar en la historia motivos para reclamaciones y agravios mutuos”.
Un alto cargo del gabinete de Putin, Yuri Ushakov, ha reconocido abiertamente que uno de los objetivos fundamentales del primer ministro ruso es “contrarrestar los intentos de revisar la historia de la segunda guerra mundial”. Evidentemente, debe de ser muy duro perder una guerra medio siglo después de haberla ganado. Los hechos, sin embargo, son los que son. El 1 de septiembre de 1939, en efecto, Hitler invadió Polonia. Pero Stalin, también.