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El bueno, el feo y el malo con Jorge Bustos, viernes 3 de noviembre de 2017

Corre el rumor de que los hermanos Coen han logrado arrebatar los derechos artísticos del Procés a Eduardo Mendoza, pero no estoy aún en disposición de confirmártelo. No sé en qué canal se emitirán un día las cinco temporadas de la gran comedia indepe, pero sería una pena que al final se apropiase de ella la televisión rusa. Lo que sí hemos confirmado esta semana es que el 155 ha sido recibido por los catalanes con más alivio que resistencia. Que el belga errante Carles Puigdemont ha llevado tan lejos la noción de ridículo que cuando regrese solo encontrará interlocutores válidos en una cárcel frenopática o en la casa-museo de Dalí. Y que todos los partidos preparan ya las elecciones con una normalidad frustrante para aquellos que vaticinaban barricadas, atrincheramientos y rebeldías incompatibles con el aperitivo. Para que recordemos que todo esto ocurrió, que todo fue real y que tiene consecuencias hay que mirar a la madrileña plaza de las Salesas, donde se levantan el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional. Allí han acabado los padres del engendro, porque ser catalán, y menos catalán indepe, contra lo que ellos siempre creyeron, todavía no te coloca por encima de la ley.

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El bueno: los jueces…

A dos jueces, sí, porque son ellos los que nos garantizan que no estamos locos y que somos iguales. Que no hemos soñado que hubo una vez un puñado de supremacistas que creyeron que podrían cercenar los derechos de más de media Cataluña y derogar de facto la Constitución sin que les ocurriese nada. Y les ha ocurrido porque esto ya era una democracia cuando Mas se hacía llamar Arturo. Aquí mal que bien rige la separación de poderes, y los delitos se juzgan al margen de los cálculos políticos. Yo no sé si la cárcel de Junqueras y compañía beneficia o no a los constitucionalistas el 21-D, ni me importa. Yo sé que aquí hay dos magistrados que están haciendo su trabajo, a imagen y semejanza de la diosa a la que sirven: pesan los delitos en una balanza jurídica y aplican luego la espada sobre los culpables. Ella es Carmen Lamela, magistrada del Juzgado Central de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional, que investiga a Puigdemont y a su encarcelado Govern no por sus ideas sino por los delitos de rebelión y malversación. Y él es Pablo Llarena, magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, que instruye la causa contra la presidenta del Parlament y otros cinco miembros de la Mesa de la Cámara catalana por los mismos delitos. Que la vida va en serio uno no debería comprenderlo en Soto del Real, sino mucho antes de acabar ahí, pero en ocasiones no hay más remedio.

El feo: Santi Vila…

El ya famoso Santi Vila, Juan Pablo. Famoso por saltar del barco como las ratas cinco minutos antes de chocar contra el iceberg de la ley. Una fuga, por cierto, bastante más rentable que la de Puigdemont, pues contra Vila no ha pedido el fiscal medidas cautelares más allá de una fianza asequible. Pero esa excepcionalidad me temo que no será bien vista por sus ex compañeros de hace no tanto, que le motejarán de cobarde y de traidor con mucha razón, pues se pone la piel de cordero moderado aquel que compartió día a día dos años de frentismo separatista junto a Puigdemont, de cuya especial amistad se jactaba. Vila es tornadizo y calculador, pero reacciona ante la realidad, y en política siempre es mejor un cobarde lúcido que un fanático ciego. Aunque quedará como el feo de la película para todos: para los constitucionalistas, que no se tragan su moderación sobrevenida, y para los indepes, que han calado ya su ambición y no le quieren en sus listas. Veremos si nuestro pícaro de tercera vía sobrevive a las elecciones y bajo qué siglas.

El malo:  Albano Dante Fachín

Que tiene nombre de cantante de boleros, o de espadachín de Reverte, o de repartidor de chupitos por Malasaña. Pero no es nada de eso, o lo es todo a la vez, pues un dirigente populista puede ser lo que le dé la gana por la mañana y lo contrario por la tarde. El dantesco Fachín se ha emancipado de su marca nodriza y se ha rebelado contra Iglesias, al que acusa de ser otro Rajoy que le aplica por lo orgánico su propio 155. Este Albano es un pícaro argentino de manual, un Che Guevara comprado en los chinos que se ha metido en política para armar jaleo, y para ese entretenido fin la CUP sirve mejor que Podemos. Así que Iglesias tendrá que llamar a don Mariano y pedirle consejo sobre cómo intervenir en regiones díscolas. Lo tiene difícil sin contradecir su rechazo programático al principio de autoridad. Podemos se hunde porque es imposible mantener unido el puro deseo de división que lo fundó. Llegará a las elecciones convertido en macedonia, que es una cosa que nadie sabe a qué coño sabe.

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