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J. L. RESTÁN | LÍNEA EDITORIAL

De Qatar a la amenaza libia

 Superado con creces el plazo dado por Arabia Saudita y sus aliados al rico emirato de Qatar, nada parece moverse en esa parte del mundo, que parece  un volcán a punto de erupción. La cadena de televisión Al Yazira, ese moscardón que tanto preocupa a sus vecinos árabes, sigue con sus emisiones, lo mismo que sigue el bloqueo económico y el cierre de los aeropuertos para que los cataríes no puedan moverse. Pero Qatar cuenta con el apoyo de Turquía, y paradójicamente, de Irán. Llama la atención un hecho insólito: el acuerdo militar del emirato con los Estados Unidos poco antes de que Donald Trump, alineado con los saudíes, lo calificara poco menos que centro de terrorismo. 
Pero donde hoy es preciso poner el foco es en Libia, que se perfila como uno de los nuevos refugios del derrotado Daesh. Dividida prácticamente en dos, Libia dispone de un supuesto gobierno apoyado por la comunidad internacional y de otro rebelde. Este último dispone de la mayor fuerza militar y está en el punto de los yihadistas, que buscan su alianza. En realidad, el país es presa de cientos de milicias armadas que prestan obediencia a una tribu u otra según las conveniencias. El riesgo mayor para la estabilidad de todo el norte de África, y por ende de Europa, tiene como teatro de operaciones la cercana Libia de donde parten la mayoría de los inmigrantes que atraviesan el Mediterráneo en busca de las costas europeas.   

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