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J. L. RESTÁN | LÍNEA EDITORIAL

El mal se vence con el bien

Los terribles atentados de Manchester, Westminster, el puente de Londres y el perpetrado anoche en Finsbury Park, a la puerta de una mezquita, tienen un denominador común: entienden al otro como un enemigo al que hay que aniquilar. La falta de conocimiento y perspectiva sobre los hechos lleva a algunos a creer que el fenómeno del yihadismo es en realidad un choque entre religiones, en el que los terroristas son siempre musulmanes. Esa concepción deformada puede desatar, como parece en este último caso,  la estigmatización y el odio a toda persona de religión musulmana.

El terrorismo yihadista instrumentaliza la religión para justificar sus objetivos y tiene a los musulmanes entre sus víctimas habituales. La mayor parte de las personas asesinadas, o que tienen que huir de su tierra en lugares como Irak o Siria, son precisamente de religión musulmana. La tentación de la respuesta violenta nunca construye, y corre el riesgo de ser responsable de más víctimas inocentes. El ataque a un grupo de personas que salían de rezar en una mezquita es un ataque a todos los creyentes y a la libertad religiosa, que es uno de los elementos más preciosos de nuestra convivencia.  Como ha dicho el cardenal Vincent Nichols, arzobispo de Westminster, cada uno de nosotros tiene una gran responsabilidad en desterrar el odio y la violencia de nuestras palabras y actos, y en la tarea de ser constructores de entendimiento, de compasión y de paz. 

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