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J. L. RESTÁN | LÍNEA EDITORIAL

Los derechos se cumplen, no se negocian

La mal llamada Mesa de Diálogo que hace unos meses congregó a mediadores internacionales con la oposición y el Gobierno chavista, y a la que asistió a petición de la oposición la Santa Sede, fue un fracaso. El chavismo aprovechó la convocatoria para ganar tiempo y caminar hacia un golpe institucional que culminó el 31 de marzo pasado.

A partir de ese momento las fuerzas sentadas en torno a la Mesa han definido su estrategia. La oposición ha recurrido a la movilización y a la resistencia y la Iglesia Católica ha redoblado los esfuerzos a través de la voz de las Órdenes Religiosas presentes en Venezuela, Universidades católicas y, cómo no, la Conferencia Episcopal.

Este organismo, que ya expresó su posición respecto al cumplimiento de la Constitución frente a la convocatoria de una Asamblea Constituyente, ha vuelto a pronunciarse a través de la Exhortación publicada al término de su Asamblea Plenaria. Recordemos que la posición de la Iglesia es clara, de acuerdo a la carta que el Secretario de Estado hizo pública en diciembre pasado. Hoy lo han vuelto a reiterar: la salida es la convocatoria de elecciones y la movilización pacífica. El único y verdadero sujeto social de la democracia es el pueblo venezolano. Y es el pueblo el que debe poder expresarse libremente para decidir quién quiere que le gobierne y cómo quiere ser gobernado. Eso es lo que la Constitución determina y lo que la democracia reclama.

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