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'Línea Editorial'

Córcega, Cataluña y el futuro de Europa

 El presidente francés y la canciller alemana Angela Merkel pretenden reformar y relanzar la Unión Europea, y ambos contemplan el virus del separatismo como una amenaza letal para la paz y la prosperidad de Europa. 

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Desde que se planteó el desafío secesionista en Cataluña, la Unión Europea ha advertido sobre el grave riesgo que suponen para la estabilidad europea los movimientos nacionalistas que no respetan la ley. Este mensaje inequívoco ha sido la base del esperado discurso del presidente francés, Emmanuel Macron, en su visita a la isla de Córcega, sacudida desde hace tiempo por las ambiciones de los partidos que aspiran a su separación de Francia. En su mensaje a los corsos, Macron insistió en el firme rechazo de las reivindicaciones separatistas, con palabras que no admiten la menor duda sobre la indisoluble unidad de la República francesa.

El presidente francés y la canciller alemana Angela Merkel pretenden reformar y relanzar la Unión Europea, y ambos contemplan el virus del separatismo como una amenaza letal para la paz y la prosperidad de Europa. Eso no significa que los Estados no puedan reconocer mayores cotas de autonomía para sus regiones, como ahora anuncia Macron en relación a Córcega, y que reconozcan su identidad cultural, algo que España tiene más que asumido en su Constitución y en los diversos Estatutos de Autonomía. En este contexto, la ficción que protagoniza desde Bruselas el expresidente Puigdemont resulta un absurdo anacronismo alejado de la realidad. Por muchas piruetas que hagan los soberanistas catalanes no pueden ignorar que el futuro de Europa no pasa por la ruptura de sus miembros sino por una mayor unidad como garantía de progreso económico y social.    

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