El Papa aboga de nuevo por la "reconciliación y la paz" en Birmania

Francisco elogia la ayuda, sin distinción de etnias, de la Iglesia en el país asiático

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El Papa Francisco celebró este miércoles una misa campal en Rangún a la que acudieron cerca de 150.000 fieles y en su homilía elogió la ayuda, sin distinción de religión y etnias, de la pequeña comunidad católica presente en Birmania.

"En medio de tanta pobreza y dificultades, muchos de vosotros ofrecéis ayuda práctica y solidaridad a los pobres y a los que sufren", dijo Francisco en la explanada del Estadio Kyaikkasan, durante la primera misa que celebra en este viaje por Asia, que después le llevará a Bangladesh.

Ante las decenas de fieles que llegaron desde todas las partes de Birmania (Myanmar) y desde naciones cercanas como Tailandia y Filipinas, recordó que la Iglesia "está ayudando a un gran número de hombres, mujeres y niños, sin distinción de religión u origen étnico".

Y lo hizo en un país donde conviven con enormes problemas 135 etnias diferentes como los Karen, los Kachin o los Mon, y se vive la brutal persecución de la minoría musulmana de los ronhinyá, no reconocida por las autoridades birmanas, y que se han visto obligados a huir masivamente hacia Bangladesh en lo que ha sido calificado como una "limpieza étnica de manual".

Francisco aseguró que la Iglesia católica en Myanmar lleva "a otros el bálsamo saludable de la misericordia de Dios, especialmente a los más necesitados" y lo hace con medios muy limitados.

El Papa quiso precisar que "muchas comunidades anuncian el Evangelio a otras minorías tribales, sin forzar ni coaccionar, sino siempre invitando y acogiendo".

"Soy testigo de que la Iglesia aquí está viva", dijo Jorge Bergoglio a los católicos, que son unos 650.000 en un país de 52 millones de habitantes.

Francisco se presentó como "peregrino para escuchar y aprender", y para ofrecer a los católicos "esperanza y consuelo".

En otro de sus mensajes destacó que "muchos en Myanmar llevan las heridas de la violencia, heridas visibles e invisibles", y les invitó a no curarse "con la ira y de la venganza", pues "el camino de la venganza no es el camino de Jesús".

"Su mensaje de perdón y misericordia se sirve de una lógica que no todos querrán comprender y que encontrará obstáculos. Sin embargo, su amor revelado en la cruz, en definitiva, nadie lo puede detener", dijo.

A las decenas de miles de personas que incluso pasaron la noche en la explanada para poder asistir a la misa les pidió que encuentren la fuerza de llevar este mensaje a los demás "para ungir cada herida y recuerdo doloroso" y, de esta manera, ser "testigos fieles de la reconciliación y la paz".

El deseo final del pontífice argentino, que habló en italiano y era traducido al birmano por un sacerdote, fue que los católicos sean en este país asiático "mensajeros de la verdadera sabiduría y profundamente misericordiosos con los necesitados".