Eugenio Sanz, misionero en Bangladés: “Es un país al que nunca viene nadie”

  • En 'El Espejo'

El Papa Francisco inicia la segunda etapa de su histórico viaje por el Sudeste asiático y recala en Bangladés, un país de mayoría musulmana en el que los católicos solamente suponen solamente un 0,23 % de la población total: algo más de 300.000 en un país con 160 millones de habitantes.

Manos Unidas

En ese caldo de cultivo es en el que el hermano marista Eugenio Sanz está llevando a cabo su misión desde hace años. El religioso asegura que “Bangladés es un país superpoblado, con más de 1.000 habitantes por kilómetro cuadrado”. “Es un país al que nunca viene nadie. Es un país muy marginal, muy periférico”, afirma el marista, "de ahí el entusiasmo de los gobernantes por la visita del Papa".

Bangladés es un país muy pobre, pero en pleno desarrollo. “Tiene un montón de problemas debidos a la superpoblación. La población es muy trabajadora, y están haciendo numerosos esfuerzos por salir de la pobreza a pesar de la gran corrupción que hay” reconoce Eugenio Sanz.

Alfa y Omega

Sobre la minoría católica, el marista asegura que en el país, en teoría, existe la libertad religiosa, aunque en la práctica sí que hay algunos problemas. “Por ejemplo, si yo soy un católico y quiero alquilar un piso en un edificio, es muy posible que todos los vecinos musulmanes se opongan y le digan al casero que por favor no me lo alquile”. Pero por lo demás, Eugenio Sanz asegura que no hay problemas graves de convivencia.

Eugenio trabaja, junto a sus hermanos maristas, en una escuela para los hijos de los trabajadores de las plantaciones de té. “Los maristas nos hemos liado la manta la cabeza y hemos venido a donde no quiere venir nadie”, dice el religioso, que explica que “una escuela para gente que no nos puede pagar es una misión imposible”.

Una “misión imposible” situada al noroeste del país, en una plantación de té, explica Eugenio, formada por “una minoría, son un grupo social de lo más marginado. Son gente que vive en condiciones de casi esclavitud, sin ningún derecho a poseer la tierra en la que viven y cobrando una miseria por recoger el ”.

“Viven en una situación indigna” asegura Eugenio, que afirma que trabajan por sacar a esta gente de la pobreza. “Pensamos que hay que darles una educación de calidad. Entonces nos estamos endeudando pero ya hemos empezado y tenemos 100 alumnos”. 100 alumnos que, como dice Eugenio “a diferencia de lo que pasa en el resto de colegios del mundo, vienen contentos a clase”.