ORDENACIONES EN MADRID

Cinco jesuitas se ordenan diáconos este sábado en Madrid

Este sábado 3 de febrero se celebrará la ordenación diaconal de cinco jesuitas. La ceremonia estará presidida por el cardenal D. Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Madrid, en el colegio Nuestra Señora del Recuerdo (18 h.) Serán ordenados diáconos dos jesuitas españoles (Carlos Gómez-Vírseda y Roberto Quirós) dos de la provincia de África Occidental (Émile Agbede y Alain Pitti) y uno de la provincia Euromediterránea (Marco Piaia). Hoy por la noche se celebrará una vigilia de oración por los ordenandos en el mismo lugar. 

El diaconado es el primer grado del sacramento del orden sacerdotal. Diácono quiere decir servidor. Asiste al obispo y a los sacerdotes y puede bautizar, presidir en la celebración del matrimonio, celebrar exequias, leer el evangelio y predicar en la misa, distribuir la comunión y dar la bendición con el Santísimo Sacramento.

El rito esencial de este sacramento es la imposición de manos del obispo sobre la cabeza del ordenando. Este signo indica la transmisión de un oficio, la comunicación de la fuerza y el don del Espíritu Santo para desempeñarlo debidamente. A los recién ordenados se les impone la estola, al modo diaconal y la dalmática. Son entregadas por los padrinos de cada diácono. Además, el obispo les entrega el libro de los Evangelios, del cual han sido constituidos mensajeros y les da un abrazo de paz como bienvenida al orden de los diáconos.

En la ceremonia de mañana, teniendo en cuenta el idioma de todos los ordenandos, la monición de entrada se leerá en español, italiano y francés; la primera lectura y el evangelio se proclamarán en español, el salmo será cantado en italiano y la segunda lectura en francés.

Perfil biográfico de los futuros diáconos

De los cinco compañeros que se ordenan diáconos mañana sólo uno de ellos tuvo en su infancia vinculación directa con la Compañía de Jesús, por ser alumno del colegio jesuita Nuestra Señora del Recuerdo, en que tendrá lugar la ceremonia. Para los demás, la transmisión de la fe de sus madres y la vinculación a una parroquia fueron claves en el camino para encontrar la vocación. Los jesuitas aparecieron en sus vidas de diferentes maneras, de la mano de otros religiosos de espiritualidad ignaciana, gracias a sus párrocos o a la asistencia a un retiro dirigido por un miembro de la Compañía de Jesús.

Hasta ahora, además de formarse, han tenido distintos destinos, desde labores educativas en colegios y con colectivos de necesidades especiales, pastorales (especialmente con jóvenes), sociales, hasta ejercer de médico en Chad, prepararse para emprender un proyecto de elaboración de medicamentos a bajo coste en este mismo país africano o acompañar a poblaciones indígenas del Amazonas.

A pocas horas de su ordenación, todos dicen sentirse nerviosos e indignos, pero confiados y felices a la vez.