El cristiano Jonqueras…

Bien, señor Jonqueras. Usted pide al Tribunal Supremo la libertad alegando, entre otras cosas, que es un hombre pacífico y un ferviente cristiano. Pero eso es lo que Vd. cree de sí mismo e, incluso ha querido plantear un conflicto jurídico-religioso para seguir gobernando en Cataluña. Mala cosa, porque Vd. no se ha dado cuenta –y ha tenido un largo tiempo para hacer examen de conciencia- de que un cristiano, un verdadero cristiano, no puede saltarse la legalidad vigente para llevar a cabo sus proyectos contrarios a la misma.

¿Se lee Vd. con frecuencia los Evangelios? ¿Se acuerda de lo que supone la trampa tendida por los fariseos cuando le preguntaron a Cristo si deben pagarse los impuestos a los romanos? ¿Y recuerda el sentido de la respuesta de Jesús: dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios? ¿Qué significa esto? Muy simple: que los cristianos no somos enemigos del Estado y que estamos obligados –si, obligados- a ser leales y obedientes a las leyes, sobre todo si las hemos jurado o prometido defender y aplicar.

Los cristianos somos ciudadanos responsables de nuestros deberes. Nuestra conducta no puede ser la de burlar las leyes. Se muy bien que hay excepciones en las cuales debe actuar el cristiano: cuando esas leyes son claramente injustas y van en contra de la Ley de Dios. Si, hay que servir a Dios antes que a los hombres, afirmaba San Pedro ante el Sanedrin que le prohibía predicar el Evangelio. Pero, me pregunto: ¿con su proceso de independencia, obedecía Vd. a Dios? ¿Acaso es Vd. un iluminado, un profeta, un mártir de una Constitución que fue votada por la inmensa mayoría de los españoles, y con más entusiasmo aún por habitantes de Cataluña?

No estamos hablando, por tanto, de una ley injusta, aunque contenga párrafos que pueden chirriar a los cristianos cuando son interpretados por el Tribunal Constitucional. El aborto, el “matrimonio” entre homosexuales, el adoctrinamiento político en la enseñanza… ¿Vd. ha votado en contra de estas leyes o está más bien de acuerdo con ellas? Mire, señor Jonqueras: está bien, muy bien, dar testimonio de la fe que se profesa; lo que no está bien es mentir. ¿No ha sido una mentira constante y consciente todo el proceso de independencia? ¿Estaba Vd. de acuerdo con esa cantinela de “España nos roba” utilizada como mantra para adoctrinar a los escolares? ¿No decía Vd. que con la independencia no se produciría ninguna huida de empresas de la región y que la Unión Europea la acogería con los brazos abiertos?

Mire, un cristiano tiene el deber de someterse a los gobernantes de turno y a las leyes del país, aunque también tiene el derecho de protestar si no le gustan. Pero forzar un cambio de esas leyes de manera unilateral y caprichosa… Eso supone una rebelión. Vd. quiere que Cataluña sea una república independiente porque una masa de catalanes engañados han creído en sus mentiras. Pero aún así, aunque las urnas les diesen la razón por encima del 50 por ciento de votantes, Vd. y con Vd. todos los separatistas que han contribuido al engaño, solo tenían una salida honorable y hasta plausible: plantear sus aspiraciones en la sede de la soberanía nacional, en la Cortes españolas. Es lo que haría un cristiano responsable.

Pero mientras su proyecto se tramitara y se votara por los representantes de todos los españoles, su obligación sería siempre la de someterse a la ley que no le gusta. Toda acción de todo cristiano descontento con la ley es la de hacerla legalmente. Un violador, un asesino, un ladrón, un malversador, un prevaricador, un rebelde, no puede decir que hace lo que le viene en gana porque no le gustan unas leyes que le prohíben la “libertad” de hacer lo que les apetece. Por eso los asesinos, los violadores, los corruptos y corruptores, los prevaricadores, los ladrones y toda esa hez que se pone la ley por montera tienen que acabar en la cárcel.

Como Vd. señor Jonqueras. Por cierto ¿Se ha arrepentido ante los jueces del Supremo de todas sus fechorías? No conteste diciendo que, en conciencia, no ha cometido ningún delito. ¿No le basta con la fractura que ha provocado en la sociedad catalana, con la ruina que está acarreando a los catalanes para hacer un somero examen de conciencia? ¿Noera su obligación como gobernante, buscas el bien común?

No, no se escude Vd. en su condición de cristiano. Siga ahondando en los Evangelios, bucee en las epístolas de San Pablo o en la filosofía de San Agustín –también puede venirle bien la carta a Diogneto…- e intente parecerse a Cristo: puede que encuentre mayores razones para su fe… aunque se estime inducido por las prédicas de algunos clérigos que han olvidado que la Iglesia no se mete en política.

Si no se arrepiente de sus pecados políticos, no ande por ahí diciendo que es cristiano. Arrepiéntase públicamente, porque públicos han sido sus delitos. Y después, actúe en consecuencia. Cristianos como Vd. son los que están pervirtiendo el cristianismo.