“Mi exmarido me intentó matar tres veces y me decía 'de la cárcel se sale, del cementerio no'”

  • En 'Fin de semana'

Inés Fernández Lamela intentó ser asesinada hasta tres veces a manos de su exmarido. Una vez la intentó ahogar metiéndole la cabeza en una bañera llena de agua. Otra, quiso matarla con pastillas. Y una última le golpeó con un tablón en la cabeza.

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Inés, que hace meses presentó un libro en el que narraba cómo sufrió malos tratos durante 29 años, se siente desprotegida y también teme por sus hijas ante los permisos carcelarios de su agresor, condenado a 17 años en 2013. Con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Inés ha estado con Cristina López Schlichting en 'Fin de semana'.

"Todo comienza muy poco a poco. Primero te convence de que tú eres la culpable de lo que está pasando. Todo empieza psicológicamente: que no puedes ir a un sitio, que no te queda una cosa bien, que no haces nada bien, hasta que después empiezan los golpes y las palizas”, comenta Inés.

“No denuncié por miedo"

“Una vez llenó la bañera por la noche. Yo pensaba que se iba a duchar. Estaba muy cansada y le dije que me dejara dormir. A la mañana siguiente, seguí cansada y él no dudó. Me cogió del cuello y me tiró al suelo. Me arrastró hasta el baño y ya vi que seguía la bañera llena. Ahí me cogí a la puerta pero él es más fuerte. Conseguí meter un pie en la bañera y quitar el tapón para que no le diera tiempo a ahogarme”, relata.

Inés dice que no denunció “por miedo”. “Sabía que si no entraba en la cárcel, en el momento en el que saliera me mataría”. “La segunda vez me echó pastillas en un vaso de leche. Cogí el coche camino al trabajo y ya no recuerdo nada. Desperté en el hospital. Allí me dijeron que no se dieron cuenta de lo que estaba pasando en mi casa”.

Estoy viva gracias a mis hijas”

“La última vez yo volvía en el ascensor y nada más abrir las puertas me empezó a dar golpes en la cabeza con una tabla de madera. Yo me abracé a él para que no siguiera. Me fijé que tenía un papel y una garrafa al lado para no manchar nada. Hasta funda y guantes llevaba. Por lo menos, me llevó al hospital porque estaba llena de sangre. De camino me dijo que del hospital se sale, pero del cementerio no. Ahí fue donde mis hijas le denunciaron”.

Internada en el hospital, una de sus hijas decidió denunciar al agresor. Fue el principio del fin. Del proceso abierto contra él se derivó la condena más alta impuesta hasta aquel momento a un maltratador en Lugo. 

“Ahora mismo está en la cárcel pero tiene permisos carcelarios. Ha jurado matarme y claro que tengo miedo. La verdad, no estoy tranquila”.  

La violencia machista se ha llevado por delante la vida de 917 mujeres en los últimos 14 años, la última este viernes en Vinaroz (Castellón), que eleva a 45 las víctimas mortales este 2017, un año que arroja además la cifra más escalofriante de menores asesinados: 8, con lo que son ya 23.