Tabarnia, el golpe de realidad del independentismo

Tras la vorágine mediática del 21-D, los resultados de los comicios celebrados el pasado jueves han dibujado en Cataluña un panorama continuista. El bloque independentista se ha asegurado una nueva mayoría absoluta y ahora la pugna interna es elegir quién se pondrá al frente del Palau de la Generalitat. Sin embargo, la victoria en escaños y votos de Inés Arimmadas y el triunfo de su partido en la mayoría de zonas de las provincias de Tarragona y Barcelona sirven como escenario para devolver el golpe al secesionismo. 

La 'matraca' independentista se ha encontrado con la horma de su zapato.  La plataforma "Barcelona is not Catalonia", ya adelantó hace dos años que Cataluña "se compone de dos zonas claramente diferenciadas desde el punto de vista económico, lingüístico, identitario, poblacional y social. Una parte independentista y otra, constitucionalista”. El 21-D lo ha dejado en evidencia: en las comarcas comprendidas entre la Selva al norte y el Baix Camp al sur, con Barcelona y Tarragona incluidas, Ciudadanos consolidó su fuerza como partido más votado. 

Con esta realidad en la mano, la plataforma ha pedido la independencia de esta zona del resto de Cataluña usando las mismas herramientas 'populistas':  "Cataluña roba a Tabarnia", "La gente de Tabarnia tiene derecho a decidir sobre su futuro", "Tabarnia seguirá en la UE en caso de independencia"... Las proclamas, parodiando las habituales del independentismo catalán, proliferan en su argumentario. El movimiento se apoya en la Ley de Claridad canadiense, que permite a las regiones opuestas al separatismo quebequense permanecer en el Estado canadiense. También se apoya sobre el artículo 143 de la Constitución española, que permite a los territorios constituirse en comunidades autónomas bajo ciertas condiciones. 

Según su propia web, la plataforma reúne a "más de un centenar de agrupaciones, asociaciones y empresas de todos los ámbitos de Barcelona" contrarios a la independencia, que consideran que la secesión es "profundamente negativa para los intereses de Catalunya en general y de los ciudadanos de Barcelona en particular".

La constitución de Tabarnia busca tres objetivos: «Gestionar los recursos que genera Barcelona de una manera más justa y eficiente, evitando la sangría de ingresos hacia Cataluña y los agravios territoriales que padece desde hace 40 años por la Generalitat», «asegurar la permanencia en España y la estabilidad» y «recuperar la soberanía histórica del condado de Barcelona».

El movimiento no pretende, en verdad, hacer realidad ese deseo secesionista, sino simplemente demostrar la inútil obcecación de los independentistas catalanes. "Si los nacionalistas alegan el inexistente derecho a dividir, cualquiera puede hacerlo. Prefiero diversidad y unión", ha señalado Albert Rivera en Twitter recogiendo el guante. "Tabarnia es un despiadado espejo para nacionalistas, es el reflejo de su insolidaridad y de su pesadez. Pero también es el coste, muy real, que pagarán quienes promuevan un referéndum de autodeterminación. En Quebec fue mano de santo", ha señalado por su parte Juan Carlos Girauta. 

Eso sí, Tabarnia ya cuenta con bandera propia y 25.000 personas ya han firmado en change.org  para solicitar al Congreso de los Diputados que Tabarnia “sea una nueva comunidad autónoma dentro de España e independiente de Cataluña”.