Europa y Trump bailan a ritmos diferentes

Un buen amigo me dijo en una ocasión que siempre hay que llevarse bien con los conserjes. De tu relación con ellos, me decía, depende que vayan más o menos rápido a rescatarte el día que te quedes atrapado en el ascensor.

Se cumple un año de la victoria de Donald Trump en los Estados Unidos. Si algún día Europa se queda encerrada en el ascensor, el magnate americano no tendrá prisa alguna en ponerse manos a la obra para el rescate, al menos si se analizan los acontecimientos vividos en los últimos 365 días.

Europa envió un mensaje de cordialidad nada más conocer su victoria ante Hillary Clinton. Los líderes europeos le invitaron a Bruselas y anunciaron que lo importante es estrechar lazos entre ambos lados del atlántico.

Las primeras diferencias no tardaron en llegar. Donald Tusk, Presidente del Consejo Europeo, dijo que Donald Trump “es una amenaza para Europa”. Unas palabras que llegaban inmediatamente después de la prohibición que puso en marcha contra varios países como Irak, Irán o Siria impidiendo a sus ciudadanos viajar a territorio americano.

CUMBRE DE LA OTAN Y VIAJE A BRUSELAS

Llegó el 24 de mayo y Donald Trump aterrizó en la capital comunitaria. Dos días por delante de reuniones y encuentros al más alto nivel que terminarían con la cumbre de la OTAN. “Necesariamente no interpretamos las cosas de la misma manera, pero hablamos con franqueza” llegó a decir Jean Claude Juncker Presidente de la Comisión Europea después de reunirse con Donald Trump. Fue un encuentro correcto en pleno barrio europeo de la capital comunitaria, no obstante, se volvió a demostrar que no hay sintonía entre Europa y Estados Unidos.

Horas después, comenzaba la primera cumbre de la OTAN con Donald Trump como Presidente de Estados Unidos. Un encuentro en el que públicamente abroncó al resto de aliados por no invertir lo suficiente en políticas de defensa. Además, dejó una imagen lamentable que rápidamente se hizo viral a través de las redes sociales. Pudimos ver al presidente de Estados Unidos empujando al primer ministro de Montenegro, Dusko Markovic, para hacerse hueco al frente de un grupo de mandatarios en la reunión. Un comportamiento prepotente y chulesco que ayudó a empeorar su imagen.

CAMBIO CLIMÁTICO

La relaciones se terminaron de enfriar el día en el que decidió abandonar los acuerdos de París contra el cambio climático. Fue el pasado mes de junio en una rueda de prensa que ofreció en la Casa Blanca. “He cumplido una tras otra mis promesas”, decía Donald Trump. “La economía ha crecido y esto solo ha empezado. Estoy dispuesto a renegociar otro favorable para Estados Unidos, pero que sea justo para sus trabajadores, contribuyentes y empresas. Es hora de poner a Youngstown, Detroit y Pittsburgh por delante de París”. Una decisión que alejaba más todavía de Europa a los Estados Unidos, una demostración en definitiva, del giro aislacionista al que está llevando al país.

En los últimos días la relación no ha hecho más que empeorar. En Bruselas nadie oculta que Europa y Estados Unidos no bailan al mismo ritmo. La última prueba es el anuncio de Donald Trump de trasladar a Jerusalén la embajada de Estados Unidos en de Israel. Una nueva iniciativa que ha vuelto desatar la polémica en Bruselas.