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Armando Marchante Gil

Militar, escritor y periodista

Bufones y pícaros
20-03-09
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En los tiempos de grandeza histórica de la Corona española, como una especie de excrecencia de aquella época, admirable por tantos conceptos, aparecían dentro de aquella sociedad dos elementos que injustamente han servido para hacer contrapunto a los esforzados españoles que defendían la Cristiandad y simultáneamente construían el primer imperio de la Edad Moderna.

Desgraciadamente cuando determinados historiadores presentan ante nosotros , los hombre de hoy, aquel pasado inimitable e irrepetible ponen singularmente ante nuestros ojos aquellos dos especímenes: bufones y pícaros, en un intento casual o premeditado de rebajar la grandeza de unos españoles que combatiendo en Europa a la herejía y a los enemigos de la fe o conquistando y, lo que es más importante, evangelizando y civilizando a los indígenas de las Indias creaban una nueva Cristiandad para compensar en lo posible la pérdida que sufría el catolicismo en el Centro y Norte de Europa.

De este modo, se presenta repetidamente a esas dos especies: bufones y pícaros, como los genuinos representantes de los españoles de la época. Se trata de una burda manipulación que, no obstante, produce sus efectos en nuestro presente, cuando desde determinadas cátedras y desde el nefasto sistema educativo que padecen los españoles no se regatean esfuerzos para presentar a las actuales generaciones una imagen de nuestro pasado horro de todo mérito y gloria, mancillando su “reputación” como gustaba decir a los gobernantes españoles de los siglos XVI y XVII. Parece como si en aquella España no hubiese habido más que bufones y pícaros.

Si se medita sobre esta circunstancia y se mira al presente resulta precisamente todo lo contrario: es en estos años cuando la sociedad española está caracterizada por la existencia del mayor número de bufones y pícaros que el habido en todo nuestro pasado por muy atrás que retrocedamos en la historia de España. Hay, además, una diferencia esencial: en el siglo de Oro los bufones y los pícaros constituían una clase social aparte, encerrada dentro de sus límites y que, además, dentro de sí no dejaban de presentar algunos caracteres que a veces les daban cierta nobleza de ánimo, en cuanto que podían salir de esa condición y llevar a cabo algún que otro servicio e incluso hazaña.

España está hoy infestada de bufones y pícaros. A diferencia de los que nos han trasmitido las crónicas y el ingenio de nuestros escritores, hoy en día los bufones y los pícaros ocupan altos puestos dentro de la escala social y, desde luego, ninguno de ellos, está dispuesto a prestar servicio alguno a la sociedad que los soporta y amamanta; les ríe sus gracias, como entonces, pero no les exige el menor decoro o sentido cívico e incluso llega a presentarlos como ejemplo digno de ser imitado. ¡Qué degeneración!

Bufones y pícaros ocupan hoy puestos de relieve en la gobernación, en la cultura, en el periodismo y en las instituciones básicas de nuestra sociedad sin que nadie sea capaz, no ya de ponerlos en las zahurdas de las que han salido, sino ni siquiera en la marginación que se merecen tales individuos.
¿Dónde encontrarlos? Basta leer diariamente la prensa, seguir los programas de algunas televisiones o escuchar las continuas declaraciones de algunos que se llaman políticos para seleccionar abundantes representantes de esta nueva y preponderante clase social: la constituida por bufones y pícaros. ¡Pobre España!

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