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María Clara Ospina

Columnista

Relaciones peligrosas
09-01-09
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Hay que enseñar a los jóvenes a reconocer las señales de peligro de algunas relaciones sentimentales abusivas, para evitar que estas tengan consecuencias fatales. La intimidación entre parejas tiene características violentas, más aún en países con tradición machista. Padres, familiares, maestros y amigos deben aprender a reconocer las señales de peligro en una relación y deben intervenir y señalar sus riesgos a los jóvenes. En los colegios conviene discutir el tema con los alumnos. Los adolescentes necesitan aprender a no aceptar y a denunciar cualquier abuso verbal o físico que se cometa contra ellos.
Cuando un novio o amigo exige “¡Quiero que me informes todo lo que haces! ¡Contéstame al teléfono inmediatamente! ¿Con quién estabas, en dónde, por qué no me avisaste?”, ampliamente demuestran un deseo de control; sin embargo, estos reclamos pueden ser interpretados como señales de amor, interés o deseo de protección, por jovencitas inexpertas. Pero, cuando los insultos y los golpes comienzan es el momento de reconocer que la relación se ha convertido en algo con un gran potencial de peligrosidad.
La violencia en las relaciones románticas es más común de lo que se piensa y comienza a una temprana edad. Los adolescentes “estrenan” su masculinidad con sus noviecitas. Son generalmente los jóvenes que han presenciado relaciones abusivas en sus hogares los que más las practican.
Reconocer el peligro parece algo sencillo, pero no lo es. Se teme acusar a alguien que se ama de ser violento. Se buscan excusas: “Estaba borracho, se le fue la mano, me prometió que no lo volverá a ser.” Pero la verdad es que la violencia es una adicción muy difícil de controlar, que se repite muchas veces hasta que se acaban las excusas, cuando ya es muy tarde para evitar una tragedia.
Vivimos en una sociedad de culto hacia la violencia. Esta se practica impunemente en la cultura popular, aplaudida en el cine, la televisión y la música. El lenguaje soez con el cual la juventud se trata, es realmente violento. Hay un rechazo hacia un trato educado considerado por los muchachos como una “mariconada” (disculpen la palabra pero, es la menos sucia de las que he oído para describir el tema).
Exacerba esta nueva cultura violenta, el exceso de alcohol y las drogas, que consumen tanto muchachos como jovencitas. Las niñas que se emborrachan, deben comprender el riesgo a que se exponen.
La violencia jamás es aceptable, menos cuando se camufla como amor.

mclaraospina@yahoo.com
nuevosiglo.com

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