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En su mensaje para la XVII Jornada Mundial del Enfermo, dedicada a los niños

El Papa reafirma “con vigor la absoluta y suprema dignidad de toda vida humana”

Aunque sea débil y pase por sufrimientos, “la vida humana es bella y hay que vivirla en plenitud”; su dignidad es “absoluta y suprema”, afirma el Papa “con vigor” en su Mensaje para la 17ª Jornada Mundial del Enfermo –11 de febrero-, que este año se celebra en la Iglesia universal a nivel diocesano.

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Marta Lago (Roma) - 07-02-09

Aunque sea débil y pase por sufrimientos, “la vida humana es bella y hay que vivirla en plenitud”; su dignidad es “absoluta y suprema”, afirma el Papa “con vigor” en su Mensaje para la 17ª Jornada Mundial del Enfermo –11 de febrero-, que este año se celebra en la Iglesia universal a nivel diocesano.  

Protagonistas del mensaje papal para 2009 –publicado este sábado- son las criaturas “más débiles e indefensas, los niños, y entre ellos, los que están enfermos o sufren”, dos realidades que, el Santo Padre plasma así: “Hay pequeños seres humanos que llevan en el cuerpo las consecuencias de enfermedades invalidantes, y otros que luchan con males aún incurables a pesar del progreso de la medicina y de la asistencia de investigadores capaces y de profesionales de la salud. Hay niños heridos en el cuerpo y en el alma debido a conflictos y guerras, y otros víctimas inocentes del odio de personas adultas insensatas. Hay niños ‘de la calle’, privados del calor de una familia y abandonados a sí mismos, y menores profanados por gente abyecta que viola su inocencia, provocando en ellos una herida psicológica que les marcará por el resto de sus vidas. Tampoco podemos olvidar el incalculable número de pequeños que muere a causa de la sed, del hambre, de la falta de asistencia sanitaria, así como los pequeños exiliados y prófugos de su propia tierra”.  

“De todos estos niños se eleva un grito silencioso de dolor que interpela nuestra conciencia de hombres y de creyentes”, advierte Benedicto XVI.  

El Papa lanza un llamamiento a la comunidad cristiana a fin de que evite la indiferencia ante “situaciones tan dramáticas”. La próxima Jornada Mundial del Enfermo ofrece una oportunidad a parroquias y diócesis para “tomar cada vez más conciencia de que son ‘familia de Dios’” y anima “a que se perciba en los pueblos, en los barrios y en las ciudades el amor del Señor, quien pide –recuerda Benedicto XVI- que en la Iglesia, como familia, ningún miembro sufra porque esté en necesidad”. 

Igualmente exhorta “a una colaboración más estrecha entre profesionales de la salud -que trabajan en las distintas instituciones sanitarias- y las comunidades eclesiales presentes en el territorio”. De ello es ejemplo, desde hace 140 años, una institución vinculada a la Santa Sede: el romano Hospital Pediátrico ‘Bambino Gesù’. 

Cuando un niño sufre, su familia también –“a menudo con graves trastornos y dificultades”-. Es otra alerta del Papa: “las comunidades cristianas no pueden no hacerse cargo de ayudar igualmente a los núcleos familiares golpeados por la enfermedad de un hijo o de una hija”. 

Se trata de asumir la actitud del “Buen Samaritano” inclinándose “hacia las personas tan duramente probadas” y ofreciéndoles “el apoyo de una solidaridad concreta”.  

Así, aceptar y compartir el sufrimiento “se traduce en un respaldo útil a las familias de los niños enfermos, creando en su interior un clima de serenidad y de esperanza, y haciendo que sientan a su alrededor una familia más amplia de hermanos y hermanas en Cristo”, confía el Papa.   

Todo ello “presupone un amor desinteresado y generoso, reflejo y signo del amor misericordioso de Dios quien jamás abandona a sus hijos en la prueba, sino que siempre les brinda milagrosos recursos de corazón y de inteligencia para ser capaces de afrontar adecuadamente las dificultades de la vida”, profundiza.  

De hecho, “la dedicación diaria y el compromiso sin descanso al servicio de los niños enfermos constituye un testimonio elocuente de amor por la vida humana, en especial por la vida de quien es débil y dependiente, en todo y para todo, de los demás”, advierte Benedicto XVI.  

“Es necesario afirmar, de hecho, con vigor la absoluta y suprema dignidad de toda vida humana –escribe el Papa en su mensaje, fechado el 2 de febrero-. No cambia, con el paso del tiempo, la enseñanza que la Iglesia proclama incesantemente: la vida humana es bella y hay que vivirla en plenitud también cuando es débil y está envuelta por el misterio del sufrimiento”.  

Un apremiante llamamiento hace además el Papa a “los responsables de las naciones, a fin de que se potencien leyes y medidas a favor de los niños enfermos y de sus familias”.  

Para todos ellos, y para cuantos les acompañan, la cercanía de Benedicto XVI, quien especialmente se dirige a los pequeños diciéndoles: “El Papa os abraza con afecto paterno junto a vuestros padres y familiares, y os asegura un recuerdo especial en la oración, invitándoos a confiar en la ayuda materna de la Inmaculada Virgen María, a quien esta Navidad hemos contemplado una vez más mientras estrecha con alegría entre sus brazos al Hijo de Dios hecho niño”. [Cope.es_Marta Lago]

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