Lunes, 15 marzo 2010
Actualizado a las 14:31h
En la Luna en COPE
La concejala de Medio Ambiente, Sanidad y Consumo del Ayuntamiento de Vigo, se ha convertido en la primera mujer española en cruzar la Antártida. En la Luna en COPE, hemos descubierto que su afición al alpinismo y a los grandes retos le viene desde siempre.
Los españoles nos quejamos del frío, pero tu has estado diariamente a 20 grados bajo cero con 100 kilos a la espalda...
Si, los españoles nos quejamos pero yo también me quejaría, todo es una cuestión de motivación. Tienes un objetivo y estás plenamente convencido de ello.
Estuviste desde el 11 de noviembre hasta el 8 de enero caminando, ¿cómo ha sido esa experiencia?
Descubrí el concepto de desierto polar. Era duro, pero había muchas cosas que superar todos los días. Iba al límite todos los días, con mucho esfuerzo físico y mucho esfuerzo mental. Estás convencido y sacas fuerza de donde no crees que la tienes.
¿Podemos llegar mas allá de nuestros límites conscientes.?
Si, si tienes el motor encendido, puedes llegar muy lejos.
El desierto: tiempo y soledad... ¿Eres capaz de aplicar esa experiencia en el día a día de la ciudad?
Esto es algo que si no tiene transferencia a tu vida normal, no tiene sentido. Es como una quemadura que en profundidad es mucho mayor. Se trata de una transformación interior, descubres que cosas trascendentales te parecen infantiles... Vuelves muy crecida, no sabes cual es el cambio cuando vuelves, pero lo ha habido.
¿Es otra forma de mirar el mundo?
Sin duda, tu pirámide de preferencia está todo el tiempo transformándote. Cobras otra dimensión, es un espejo que te devuelve otra mirada. Como persona es muy enriquecedor.
¿Te pone en tu lugar y tu lo reconoces?
Hay muchas pruebas que superar durante el camino, te acabas conociendo a ti mismo. Hay laberintos y hay nudos por deshacer. Tengo miedos y se lo que me cuesta. Es una dimensión real de lo que te cuesta.
¿Descubriste la montaña de la mano de tu padre con 11 años?
Si, iba con mis padres al monte, a Galicia. La primera montaña que subí fue donde iba con mis padres a comer los domingos. Luego entré en la sección de montaña en el colegio y me sentí muy cómoda y ya no lo pude dejar.
Apenas tenías 20 años cuando estuviste a los pies del Anapurna, ¿no?
De pronto te das cuenta de que, esto de que te puedes morir, es algo real, no es un juego.
¿Cuándo arrancó tu obsesión por las grandes cimas?
En el año 87, cuando me subí a una cima de mas de 6.000 metros. No ya por el ejercicio puro y duro, si no por descubrir el país, sus costumbres, su gente, su música, los olores... Esto de engancha.
Tus primeros 8.000 metros fueron en el Everest, cuando retomas el proyecto sin ayuda de oxígeno, ¿es así?
No sé porque llama tanto la atención. Lo único que tiene eso, es que la falta de presión a cierta altitud, provoca que te cueste más subir, pero es lo que tiene esta montaña. Lo hago por respeto a esta montaña... es que la soberanía que tiene el Everest, no me la planteo.
¿Pero la mayoría de los alpinistas se plantean subir sin oxígeno?
No, pero la gente que decide llevar oxígeno, no ha pasado un proceso, desde niño, de ser montañero. Ahora lo queremos todo rápido, no queremos arriesgar.. Cada uno tiene lo que va a buscar.
¿Es una filosofía de vida?
Es una filosofía de vida...
Muchos dicen que se emocionaron al verte en la cima del Everest, sin nada más que tu termo de café con leche en la mano.
Yo recuerdo ese momento como confuso... Estaba por un lado feliz por haberlo conseguido, pero a la vez triste porque ya lo había conseguido...
Como dicen algunos, la felicidad está en la antesala de la felicidad...
Yo no me lo esperaba, decir Dios mío, ya he llegado, pero ya lo he perdido... Casi hubiera sido mejor quedarme unos metros atrás... Es extraño.
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